
Señor, hoy elevamos nuestro corazón por todas las personas que se ven obligadas a vivir a la intemperie.
Padre misericordioso, te pedimos que los cubras con tu manto y los protejas del frío, el peligro y la indiferencia. Dales fortaleza física y mental para soportar las dificultades de cada día, y consuela sus corazones en medio de la soledad y la desesperanza.
Te pedimos también por nosotros. Abre nuestros ojos y nuestros corazones para reconocer tu rostro en cada persona que no tiene un techo donde resguardarse. Concede a nuestra comunidad la voluntad y la generosidad no solo de orar por ellos, sino de tenderles una mano amiga y trabajar por un mundo donde nadie sea marginado o excluido.
Amén.